PARA SONREÍR HAY QUE LLORAR

Es duro comprender que a veces para sonreír hay que llorar. 

Todo esfuerzo que hice por tí fue en vano, y ello me rompe el alma. Sin embargo, aprendí a conocer mi valor y a rodearme de personas correctas.

Tal vez y solo tal vez mi felicidad se esfumó por momentos, pero mi sonrisa nunca desaparecerá de mi rostro, pues tengo aún momentos felices que vivir y recuerdos que me enorgullecen. Un navegante nunca aprende en aguas tranquilas.

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